La Mencía es una variedad tinta autóctona del noroeste de la península ibérica cuya presencia en la región se remonta, según algunas fuentes, a más de dos mil años. Cultivada principalmente en Galicia, Castilla y León y en la región portuguesa de Dão, ha ganado un reconocimiento internacional creciente gracias a la calidad y singularidad de los vinos que produce. En este artículo exploramos su origen, parentesco, sinónimos, principales zonas de cultivo y sus características organolépticas.
El origen de la Mencía ha sido objeto de debate durante décadas. Una primera teoría apunta a que es un descendiente directo del Cabernet Franc francés, introducido en la Península por los peregrinos del Camino de Santiago, que habría evolucionado progresivamente hasta convertirse en la variedad que conocemos hoy. Sin embargo, esta hipótesis ha sido cuestionada por otros investigadores, quienes señalan que la Mencía comparte más características con otras variedades ibéricas que con el Cabernet Franc.
Una segunda corriente sugiere que la Mencía podría descender de una antigua variedad española conocida como Jaén, citada en documentos históricos, o bien que se trate de una variedad completamente autóctona que ha evolucionado de forma independiente en la región.
En Portugal, concretamente en el Dão, la variedad se denomina «Jaén». Un análisis de ADN reciente confirmó que la Jaén del Dão es genéticamente idéntica a la Mencía (Martín et al., 2006). Conviene aclarar que el Jaén Tinto, variedad antigua y casi extinta del sur de España, es una uva distinta y no debe confundirse con la Mencía, aunque erróneamente se la haya denominado así en algunas zonas de El Bierzo. Investigaciones posteriores sugirieron que la Mencía podría proceder de cruces entre la Garnacha y otras variedades (Martínez, Santiago et al., 2006), hipótesis que fue refutada por De Mattia et al. (2009), quienes concluyeron que no existe relación genética entre ambas variedades. El mayor nivel de variabilidad genética que presenta la Mencía en España, frente a la mayor homogeneidad de la Jaén portuguesa, apoya el origen español de la variedad, desde donde habría sido llevada al Dão por los peregrinos en su regreso de Santiago de Compostela.
Lo que sí es indiscutible es la calidad de los vinos que produce: reconocidos por su color rojo oscuro, sus aromas a frutas rojas y negras maduras y su perfil fresco y especiado, los vinos de Mencía han sabido ganarse un lugar en los mercados internacionales.
La Mencía recibe distintas denominaciones según la región de cultivo. Entre los más habituales se encuentran los siguientes:
España: Jaén, Negra, Tinta Mencía, Negra Brava, Mencía Pajaral, Mencía Pequena, Tinto de Santiago, Tinta Mollar, Mencin.
Portugal: Jaen, Loureiro Tinto, Fernão Pires Tinta, Gião.
-Fuente: Robinson, J. et al., Wine Grapes: A Complete Guide to 1,368 Vine Varieties, Allen Lane, 2012.
La Mencía es una variedad de ciclo temprano que suele completar su maduración entre septiembre y octubre. Produce racimos de tamaño medio con bayas de piel fina pero resistente. Como el resto de las variedades de Vitis vinifera, no presenta resistencia natural a la filoxera, por lo que en la actualidad se cultiva sobre portainjertos tolerantes a este parásito.
Los vinos elaborados con Mencía presentan un color rojo púrpura intenso y brillante. En nariz, ofrecen aromas a frutas rojas —fresa, frambuesa, cereza— junto con notas florales y de especias. En boca, son vinos frescos, elegantes y de acidez equilibrada, con taninos suaves y bien integrados.
La Mencía es una uva tinta que produce vinos con una gran personalidad y complejidad. Su presencia en el mercado es cada vez mayor, debido a la calidad de los vinos que se elaboran con ella y su creciente popularidad.
Los vinos de Mencía, vibrantes y aromáticos, con notas de frutos rojos, especias y hierbas, y una acidez equilibrada de cuerpo medio, ofrecen una versatilidad gastronómica notable:
Son excelentes acompañantes de carnes rojas, especialmente cordero y cerdo, así como de platos de caza y guisos de larga cocción. Su frescura afrutada los hace también adecuados para aves preparadas con hierbas y especias aromáticas. Asimismo, combinan bien con quesos de carácter intenso y ahumado, como el Cabrales o el Tetilla curado. En definitiva, la Mencía es una variedad que se adapta con naturalidad a una amplia variedad de platos y contextos de mesa.
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